Kingdom, los zombis que siempre esperé
Los zombis son mi monstruos menos favoritos. Las obras dedicadas a ellos son historias de sobrevivencia en las que hay que evitar que el zombie muerda a los que aún están sanos. Terminan por ser un pretexto mediante el cual se explora y dramatiza el actuar de los aún humanos.
Por ende, ya sean películas o series, el actuar de los demás frente al caos es lo que importa, no tanto el cuerpo putrefacto que busca comerte. De ahí que el éxito o fracaso de este tipo de historias dependa del desarrollo de la trama, de los personajes, qué se hace o no se hace, cómo, cuándo, por qué o quién.
Como ya dije, poco me agradan, pero no con Kingdom doble las manos.
Esta serie coreana para Netflix muestra cómo un buen manejo del suspenso, de la intriga, los “plot twits”, una triada de villanos particularmente repugnante, y cliff hangers por demás eficientes, pueden hacer maravillas. (¡OMG, el del episodio dos de la temporada dos!)
La serie está ambientada en la corea de la era Joseon y en medio de una muy normal intriga palaciega llena de traidores, sucesiones legítimas y dudosas que cuentan con aliados, se adereza con una plaga de zombis, que le da más “sabor” al asunto.b El heredero, bastante inútil hasta ahora, magistrados ambiciosos y otros muy estúpidos y esa rancia idea de que los nobles son más importantes, sólo ayudan a hacer más molesto y desesperante lo que ocurre episodio tras episodio.
Otra idea interesante que apenas se enuncia, pero que a su manera se desarrolla en toda la serie por medio de un personaje, es la diferencia entre la teoría y la práctica. Esto es, podemos teorizar mucho sobre lo que es mejor para una nación, para sus gobernantes o cuáles son las mejores maneras de actuar. Muy distinto es hacer las cosas, ponerse a maquinar para lograr eso que la teoría sólo discute plácidamente. Hasta me hicieron recordar, por un momento, al General Zod y al concepto de maquiavelismo.
Algo que la serie hace muy bien es el despliegue del presupuesto: tomas aéreas que quitan el aliento, paisajes majestuosos o vestuario perfecto hacen que uno quiera estar en ese lugar… claro que después aparecen los extras, que lucen espantosos, corriendo detrás de todos para hincarles el diente y se quitan las ganas. Sí hay CGI, pero no se nota en lo más mínimo. Es una producción impecable.
Otra cosa que me ha gustado de la serie es que hacen muchos cortes. Eso generalmente me desespera, pero la historia está tan bien dosificada y ensamblada que al final deja de importar porque caes en la trampa y necesitas saber qué sigue en cada pequeña historia dentro de la trama.
Sinceramente, le doy un 10/10/10/10, es verdaderamente muy buena y agradezco que haya pasado tan desapercibida (no vi memes al respecto, no hay miles de notas o cápsulas de TikTok o Instagram o lo que sea explicando cómo se hizo, quién lo escribió, etcétera. No obstante, un poco más de información o material no habría caído mal, sobre todo un behind the scenes o algo parecido.
Por supuesto, no todo es miel sobre hojuelas. Hay situaciones que personalmente sentí muy predecibles y aunque no he visto mucho en esta vida, con esta serie me percaté de que sí aprendí a observar, más o menos, películas y series. Debo apuntar que no por predecible son menos disfrutables, no por ello dejan de emocionar, pues como espectador terminas por ver lo que los protagonistas no y les gritas lo que sucederá y dices el ya conocido “¡pero cómo no lo te diste cuenta!”. ¿No será ese el objetivo?
Como sea, terminé ambas temporadas y las recomiendo ampliamente. Los seis capítulos de cada una se van como agua, no se siente que duren 45 o 49 minutos, parece que es menos y eso me ha permitido ver uno diario sin falta. Sólo me resta ver el spin off y seguir esperando una tercera temporada.

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