Por el color del trigo es un libro del autor mexicano Antonio Malpica (FCE, 2013), quien cuenta con una obra extensa dedicada, mayormente, a los jóvenes, como su saga de El libro de los héroes. Además es autor de diversas obras de teatro y relatos breves publicados por diversas editoriales. Este libro, aunque breve, encierra muchas cosas interesantes. Desde su homenaje, en longitud y estilo, a una obra clásica, hasta el tema que expone a lo largo del texto. Pero vayamos por partes.
En esta novela, Malpica nos narra cómo fue, aparentemente, el proceso mediante el cual Antoine de Saint-Exupéry, Tonio, logró escribir uno de los libros clásicos por excelencia de la literatura infantil, El principito. Pero también habla de la amistad. Según Malpica, el proceso no fue nada sencillo y la historia es puntual en eso, aunque el autor se vale de un estilo amable que hace que la lectura no se sienta pesada ni sea compleja. 
En esta obra somos testigos de cómo Tonio lucha por alcanzar la seriedad necesaria para vivir la vida de adulto, pero sus impulsos “un tanto infantiles” no lo dejan, como ese de escribir cuentos. De hecho, escribe uno que desecha de inmediato porque no lo considera suficientemente serio y esto lleva a que suceda lo inesperado. El protagonista del cuento, un niño harapiento llamado Bribonzuelo, se le aparece al escritor para reclamarle por el final “feo” de su cuento.


Este reclamo desencadena tanto la anécdota de la obra como la aventura intelectual del autor, quien reflexiona sobre su vida y sus prioridades. Estas cuestiones van cambiando algo dentro de él, sobre todo el señalamiento del Bribonzuelo sobre no tener un “mejor amigo en el mundo”, aquel con quien compartes todo, incluso las tristezas, y de quien no debes separarte. La exposición de esta poética de la amistad marca la parte más conmovedora de la obra, pues Tonio se percata de un vacío que no llena ni su esposa. El viaje introspectivo lleva a Tonio a entender el “final feo” de su cuento, comprende el poder de la amistad y se percata de que adora al Bribonzuelo. He ahí el germen de El principito.
En lo formal, una de las características destacables de Por el color… es el lenguaje. Malpica usa para su obra un lenguaje similar al que Saint-Exupéry usa. También se sirvió de algunas “fórmulas” del original, lo que muestra familiaridad con la obra de Saint-Exupéry. Por ejemplo, en El principito tenemos esto:
Las personas mayores me aconsejaron abandonar el dibujo de serpientes boas, ya fueran abiertas o cerradas, y poner más interés en la geografía, la historia, el cálculo y la gramática. (8)
En Por el color…
Estoy seguro de que muchas personas mayores estarán de acuerdo conmigo cuando digo que pasear a un muchacho de 12 años en un avión de dos plazas puede ser una pésima, una terrible ocurrencia. (15)
Es decir, en ambas obras se marcan las diferencias entre niños y adultos. Unos tienen imaginación, inventiva y algo de locura; los otros necesitan que les expliquen las cosas porque no les son evidentes, exigen seriedad ante la vida y no hay nada de arrojo o locuacidad.
Malpica tampoco teme hacer una copia de la dedicatoria, por supuesto hace referencia a su propio tema. Así, en El Principito, podemos leer:
A Leon Werth:Pido perdón a los niños por haber dedicado este libro a una persona mayor. Tengo una seria excusa: esta persona mayor es el mejor amigo que tengo en el mundo. Tengo otra excusa: esta persona mayor es capaz de entenderlo todo, hasta los libros para niños. Tengo una tercera excusa: esta persona mayor vive en Francia, donde pasa hambre y frío. Verdaderamente necesita consuelo. Si todas esas excusas no bastasen, bien puedo dedicar este libro al niño que una vez fue esta persona mayor. Todos los mayores han sido primero niños. (Pero pocos lo recuerdan). Corrijo, pues, mi dedicatoria:…A LEON WERTHCUANDO ERA NIÑO
En Por el color del trigo:
Para el señor Werth y para el señor Saint Exupéry”
Pido perdón a los niños por dedicar este libro a dos personas mayores. Tengo una disculpa: ninguna de ellas está viva ya con nosotros y supongo que eso hace que lo merezcan un poco. Tengo otra disculpa: eran muy especiales; tanto, que no parecían personas mayores. Tengo una tercera disculpa: creo que, allá donde estén compartiendo un buen sándwich de jamón con queso, les agradará ver sus nombres juntos en una misma línea. […]


La única diferencia es, en todo caso y como se puede apreciar, la persona del narrador; uno está en primera persona, el otro en tercera.
Otro aspecto de lenguaje que destaca es que Malpica no teme usar palabras fuertes como asesinar y matar, algo que se agradece en estos tiempos en que la corrección política y el ánimo protector de algunos adultos fomenta la infantilización perpetua de los menores. 
Con este mismo lenguaje claro, Malpica plantea dilemas morales, habla de las actitudes de los adultos para evitar problemas, etc. El mundo adulto queda así expuesto: los mayores padecen muchas tribulaciones, viven en contradicción y tal vez por ello los hechos y decisiones que toman afectan grandemente a los demás como, por ejemplo, durante las guerras. 
Y si quieren saber por qué el libro se llama así, deben llegar al final, ahí podrán ver en su plenitud ese color al que se alude y la persona que simboliza esa travesía reflexiva, que lo llevó a conocer lo esencial y a escribir un libro que habla sobre cómo cuidar y cultivar la amistad, además de saber que no importa que seas mayor, el conocimiento llega y la felicidad también.
Mención aparte merece el trabajo impecable y de las ilustraciones de Ibán Barrenetxea. Auténticamente maravillosas.

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